lunes, 2 de mayo de 2011

Un amor de niños, sincero. Un amor ciego, lanzado; un amor jugado. Un amor que sólo pensaba en sí mismo, que no se acordó que había dos latidos distintos que escuchar. Un amor lejano, guardado, ya archivado; un amor cierto, verdadero, un amor primero. Un amor de locos, de aquellos; un amor entero, repleto, lleno de emociones para dar. Un amor de tontos, un amor del cielo, un amor del lodo; un amor que tenía todo, le faltaba edad. Un amor como pocos, pareja de amantes, pareja de locos; un amor ligero, un amor de cuentos; dos personas celosas, orgullosas, dos caminos marcados, separados. Un amor de cenicienta, que no quiere que le mienta; un amor de un viejo príncipe que no pintó su azul. Un amor de recordar, que se olvidó que para recibir había que dar. Un amor CASI perfecto, romántico y fugáz, un amor que en dos corazones, una historia ha de guardar; un amor eterno y complicado que el tiempo no supo aprovechar. Un amor, un problema, dos niños que tienen de su inocencia una virtud. Un amor magestuoso, mágico y misterioso que se olvida de la edad, porque los borrachos y los niños siempre dicen la verdad. Un amor de aquellos, sólo de ellos, un amor que empieza ya con su inconcluso final. Un amor de amores, un amor de guerras, un amor basado en lo genial. Un amor pasado, completo… un amor de niños al final

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