jueves, 21 de abril de 2011

Es como cerrar los ojos e imaginarlo, abrirlos y verlo. Una forma diferente que interpreta desde su propio punto de vista el mundo. Y que observa detenidamente lo que los ojos no logran ver. Una parte llena de sentimientos que en mi interior, se sobreponen unos a otros, los impulsos que se encuentran cara a cara o los que miran hacia otro lado. Los deseos que me rigen, los sueños que nos empujan. Es una parte ajena al mundo que me rodea, una parte que mira a través de una pared cristalina, como si fuera en una burbuja incandescente que no deja de flotar. Una parte que a la que, ni siquiera yo misma comprendo muy bien, que nunca duerme y que teje un velo escondiéndose tras las palabras que brotan sin control de mis labios silenciosos. Esa que no logro controlar, esa que te observa, te describe y te imagina en mil lugares distintos. Uno de esos rincones asombrosos en los que nunca llueve. Una boca cósmica situada en la comisura derecha, una mente maravillosa capaz de construir el más extraordinario de los enigmas, capaz de detener las manecillas de reloj a su propio antojo. Una parte que se ha grabado en mi piel como un tatuaje, que se extiende inexorable por recónditos escondites de mi corazón, mirando de reojo y sabiendo perfectamente el qué y el cómo. Una parte que ha conseguido fortalecer lo débil, que ha conseguido construir un escudo inmortal, a prueba de bombas. Una parte que graba cada momento en su memoria para siempre, que mira arqueadamente desde el mar. Una parte que me ha mantenido a flote durante mucho tiempo y a la que en cierto modo, le debo la vida. Una parte que respira de tu aire, que vive de tu vida.

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