miércoles, 26 de enero de 2011

FRENESÍ.

Hoy era día de lluvia, lluvia intensa, lluvia que moja y cala hasta los huesos. Mas digo, no ha sido un día de lluvia cualquiera. Mientras la lluvia caía mi locura se desataba, dejaba mi mente a un lado para dar paso a los sentidos en su estado mas puro. El momento controlaba cada una de las estremidades de mi cuerpo, ni el mismísimo señor de las tinieblas amenazando con llevarse mi alma podría haberme separado por un momento de sus labios. El frío de la sala iba desapareciendo al tacto de las manos acariciando los cuerpos, en el énfasis desenfrenado de los besos, en las cortas distancias que se terciaban. El éxtasis corporal convertía nuestros cuerpos en esclavos del deseo, incapaces de detenerse y evitar que se apagase el fuego. Mis dedos deslizandose por su vientre, su cuerpo estremeciendose entre mis brazos, sintiendo asi todo el calor que desprendía su cuerpo. La mente, fuera de sí; el tiempo detenido esperando a nuestra vuelta a la cordura. Pero el tiempo no importaba, no transcurría, mas si transcurría no lo hacía para ambas bocas, sedientas la una de la otra. Y al finalizar la complicidad de una mirada, una sonrrisa, unos brazos los cuales aún te rodean.. Ambos cuerpos en reposo, mas los labios aun incesantes por besarse. Cada beso lento entre una sonrrisa y una mirada, podía llenar la sala de palabras las cuales no decíamos.
Era tal la sensación de felicidad que me habría quedado alli mirando su cara durante una eternidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario