martes, 25 de enero de 2011

Así eres.

En el fondo sientes como todo es una rueda que gira sin descanso. Como si el ciclo de la vida, de tu vida, se repitiese una y otra vez. Como si la edad, la experiencia, el miedo, las heridas, los sueños, lo que eres, lo que un día fuiste, lo que dejarás de ser mañana no te bastase para romper con esos ciclos. Porque tienes la sensación de que ese hilo grueso y transparente está más allá de lo razonable. De lo lógico. De lo común. De lo humano. De lo terrenal.
Renuevas la esperanza cada día. Le sacas brillo, la adornas con tu risa, con los sueños, la embelleces para que te deslumbre, para que te acune en sus cálidos brazos. Quisieras tener unas tijeras que rompieran el ciclo de tu vida, que pudieses empezar sin bagaje, como un día empezaste, con el alma al descubierto.
Pero nunca serás capaz de empezar de cero. Allá donde vayas irá tu historia personal. Por mucho que desees y necesites renovarte, cambiar, por mucho que te esfuerces en luchar contra tu naturaleza, contra tus recuerdos, contra pequeños pellizcos de dolor, por mucho que quieras que todo sea diferente aquí y ahora. No lo es, el presente es este, es el que te ha tocado en este instante, aunque trates de controlar la tristeza que te envenena a ratos, aunque rías, aunque sigas andando por el sendero que tú has elegido… no cambiará nada. Tú seguirás siendo tú allá donde vayas, seguirás portando las mismas cicatrices, la misma forma de ser, la misma voz, casi siempre dulce, la misma mirada risueña e inocente. Seguirás creyendo en tus sueños allá donde vayas. Seguirás sintiéndote torpe y frágil en muchas ocasiones. Seguirás necesitando silencio a veces, seguirás teniendo ese toque orgulloso, en ti permanecerán las ganas de sentir la soledad de vez en cuando, y seguirás sintiendo ese agujero en tu alma incompleta, ese agujero que lleva años ahí, vacío, a la espera de que aquel hilo haga su trabajado excepcionalmente y no a medias como siempre.
Te gustaría que un día tuvieses la certeza de que el ciclo de tu vida se va a romper. Que lo romperías. Que sería diferente. Que esta vez, es diferente. Pero, el fruto de tus miedos, de la incertidumbre, o quizá pura intuición te dice que el ciclo se volverá a repetir. Que tú seguirás siendo tú. Que no hay tijeras. Ni la esperanza brilla tanto como tú quieres que brille.
Aunque quizá sea que hoy escribes desde la melancolía y te falta que te susurren al oído “me gusta cómo eres”.



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